De visitante, en un clásico con blanco y negro que tuvo de todo, el Verdirrojo mostró carácter, corazón y básquet del bueno para quedarse con una victoria enorme por 83–76
El arranque fue cuesta arriba: primer cuarto 25–14 abajo y al descanso largo nos fuimos 46–36, pero nunca dejamos de creer. En el tercer cuarto le encontramos la vuelta, ajustamos, empujamos todos juntos y lo dimos vuelta para cerrarlo 63–58, con poco margen pero ya arriba y convencidos.
El último cuarto fue pura garra y cabeza fría. Supimos jugar cada pelota, aguantar la presión y cerrar el partido como se juegan las finales.
Porque este equipo no se rinde, porque cuando parece difícil saca orgullo, y porque al final siempre hay recompensa cuando se juega con el corazón
Triunfazo, de visitante y en una final con de todo. Para el recuerdo.



